{"id":71,"date":"2024-06-01T20:10:40","date_gmt":"2024-06-01T20:10:40","guid":{"rendered":"https:\/\/40930691.servicio-online.net\/test\/?page_id=71"},"modified":"2024-06-05T13:14:01","modified_gmt":"2024-06-05T13:14:01","slug":"sesion-1-i","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/axiologia.es\/?page_id=71","title":{"rendered":"Sesion 1-I"},"content":{"rendered":"<h2><strong><a href=\"https:\/\/axiologia.es\/\"> <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-303\" src=\"https:\/\/axiologia.es\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/image002-1.jpg\" alt=\"\" width=\"63\" height=\"43\" \/><\/a>\u00a0 PRIMERA SESI\u00d3N \u2013 PARTE I<\/strong><\/h2>\n<p><strong>El caso de Helen Keller. Una mujer extraordinaria<\/strong><\/p>\n<p>El Capit\u00e1n Keller, nieto de un emigrante suizo de principios del siglo XIX, luch\u00f3 en el bando perdedor -los estados esclavistas del Sur- en la Guerra de Secesi\u00f3n americana (1861-65). Terminada la Guerra, tuvo que abandonar la carrera militar y se instal\u00f3 como granjero. Con la tenacidad y esfuerzo t\u00edpico de los colonizadores logr\u00f3 una buena posici\u00f3n econ\u00f3mica y social. Ya no hab\u00eda esclavos, pero en su casa de Tuscumbia, Alabama, abundaban los sirvientes negros. Se cas\u00f3 y en 1880 naci\u00f3 su primera hija, Helen. Una ni\u00f1a normal, pero que a los pocos meses tuvo una infecci\u00f3n que los m\u00e9dicos de la \u00e9poca no sab\u00edan c\u00f3mo tratar. La ni\u00f1a super\u00f3 la infecci\u00f3n, pero qued\u00f3 totalmente ciega y sorda, precisamente cuando empezaba a balbucear sus primeras palabras.<\/p>\n<p>En completa \u201coscuridad y silencio\u201d, como dir\u00eda Helen despu\u00e9s en su autobiograf\u00eda (<em>The<\/em><em> Story of my Life<\/em>, The Modern Library, New York,1903, reedici\u00f3n 2003), se hac\u00eda comprender con algunos gestos. Bajar y subir la cabeza significaba \u201cs\u00ed\u201d; moverla a derecha e izquierda era \u201cno\u201d. Juntar los \u00edndices de las dos manos significaba \u201cpeque\u00f1o\u201d; extender los brazos indicaba \u201cgrande\u201d (p\u00e1gina 8). A los cuatro a\u00f1os tuvo una muy amarga experiencia: descubri\u00f3 que los dem\u00e1s no eran como ella, sordos y ciegos. No se relacionaban entre ellos mediante gestos, sino moviendo los labios. Helen puso sus peque\u00f1os dedos en la boca de los que hablaban y luego mov\u00eda tambi\u00e9n sus labios, aunque sin saber que los dem\u00e1s mov\u00edan sus labios porque emit\u00edan sonidos. Al ver que nadie la entend\u00eda, se puso a gritar y dar patadas, presa de la desesperaci\u00f3n, pues ten\u00eda un gran car\u00e1cter, como bien acreditar\u00eda m\u00e1s tarde (p.9).<\/p>\n<p>Cuando Helen ten\u00eda siete a\u00f1os, su padre oy\u00f3 hablar de una Instituci\u00f3n en Boston que trataba casos semejantes. En ella colaboraba nada menos que Graham Bell, el inventor del tel\u00e9fono. Consigui\u00f3 que le enviasen a su lejana casa en Tuscumbia una profesora joven, pero experta y paciente. Era Anne Sullivan. Se instal\u00f3 en casa de los Keller y empez\u00f3 la educaci\u00f3n de Helen deletreando en su mano diversas palabras, mediante los pellizcos y presiones codificados en esa Instituci\u00f3n. No tuvo mucho \u00e9xito hasta que un d\u00eda la llev\u00f3 al pozo y, mientras el agua corr\u00eda en una mano de Helen, en su otra mano Anne deletre\u00f3 con dichas impresiones t\u00e1ctiles \u201cw-a-t-e-r\u201d. En ese momento se consigui\u00f3 el milagro. La ni\u00f1a tom\u00f3 a su vez la mano de Anne y reprodujo la misma palabra. Hab\u00eda comprendido la correspondencia convenida entre la secuencia exacta de los pellizcos o presiones en la mano y la realidad de agua. En su informe Anne escribi\u00f3 triunfante: \u201cHelen ha aprendido que cada cosa tiene un nombre y que el alfabeto manual es la clave para conocer todo lo que quiera\u201d (p.230).<\/p>\n<p>En efecto, Helen hab\u00eda construido su primera palabra material, o sea un signo que de modo socialmente convenido se pone en relaci\u00f3n con alguna realidad. Estos signos los construimos ordinariamente mediante la fonaci\u00f3n de consonantes y vocales, los llamados fonemas, pero puede conseguirse tambi\u00e9n mediante cualquier tipo de gestos convenidos y aceptados en alg\u00fan \u00e1mbito social.<\/p>\n<p>El progreso de Helen fue extraordinario. Continuamente se\u00f1alaba alg\u00fan objeto y ped\u00eda a Anne su correspondiente palabra material en el c\u00f3digo de se\u00f1ales t\u00e1ctiles. As\u00ed construy\u00f3 su primera frase \u201c<em>doll<\/em><em> is on bed<\/em> (la mu\u00f1eca est\u00e1 en la cama) (p.29). La conquista siguiente fue dar nombre a sentimientos. \u201cUn d\u00eda traje un pu\u00f1ado de violetas a mi profesora. Ella trat\u00f3 de besarme, pero la rechac\u00e9, pues no quer\u00eda que nadie me besase excepto mi madre. Anne me rode\u00f3 con el brazo y deletre\u00f3 en mi mano \u2018yo te amo, Helen\u2019. Yo pregunt\u00e9 \u2018\u00bfqu\u00e9 es amor?\u2019 Ella apunt\u00f3 con su dedo a mi coraz\u00f3n y dijo \u2018est\u00e1 aqu\u00ed\u2019. Eso me asombr\u00f3, pues hasta entonces cre\u00eda que s\u00f3lo ten\u00edan nombre las cosas que se pod\u00edan tocar\u201d (p.25).<\/p>\n<p>Pronto aprendi\u00f3 a leer signos en relieve, tipo Braille, y a dibujar las letras con un l\u00e1piz. A los tres meses de la escena de pozo escribi\u00f3 su primera carta. Sus progresos fueron tan notables que desde Boston reclamaron su presencia, junto con Anne, que nunca se separaba de ella. Se hizo r\u00e1pidamente famosa y visit\u00f3 a personas importantes. Anne le iba traduciendo en la mano lo que dec\u00eda su interlocutor. Pero enseguida Helen, ante la sorpresa del hablante, pon\u00eda los dedos en su boca, pues entend\u00eda m\u00e1s r\u00e1pido. Aprendi\u00f3 a leer tambi\u00e9n as\u00ed, quiz\u00e1 para desquitarse del penoso descubrimiento de su severa minusval\u00eda cuando ten\u00eda cuatro a\u00f1os. M\u00e1s tarde aprendi\u00f3 a escribir a m\u00e1quina y aun consigui\u00f3 expresarse vocalmente. Emit\u00eda sonidos al azar y Anne la iba corrigiendo, hasta alcanzar algo que se pareciera a los sonidos ingleses lo suficiente para ser entendida. Tanto que lleg\u00f3 a dar conferencias con este ingl\u00e9s bizarro, pero que en vez de hilaridad suscitaba la mayor admiraci\u00f3n y el m\u00e1s profundo respeto.<\/p>\n<p>A los veinte a\u00f1os entr\u00f3 en la Universidad y consigui\u00f3 un grado en filolog\u00eda. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1903, public\u00f3 su <em>The<\/em><em> Story of my Life.<\/em> Su ingl\u00e9s sorprendi\u00f3 por su excelente calidad literaria. Incluso logr\u00f3 leer franc\u00e9s, alem\u00e1n y algo de lat\u00edn y griego. Tan extraordinario fue su esfuerzo por superar sus limitaciones que Churchill la calific\u00f3 como \u201cla m\u00e1s grande mujer de nuestro tiempo\u201d y Mark Twain la compar\u00f3 nada menos que con \u201cCesar, Alejandro, Shakespeare y el resto de los inmortales\u201d.<\/p>\n<p>Pero toda la gran simpat\u00eda que concitaba por su impresionante esfuerzo en superar sus limitaciones la perdi\u00f3 al defender la causa del socialismo, por aquellos en alza en Europa, pero altamente impopular en USA. A\u00f1os m\u00e1s tarde, al comprender su error, se dedic\u00f3 hasta su muerte en 1968 a la beneficencia en favor de ciegos y sordomudos. Pudo asistir en 1962, ya muy anciana, a la proyecci\u00f3n de la pel\u00edcula sobre su vida <em>The<\/em><em> Miracle Worker<\/em>, que en Espa\u00f1a se titul\u00f3 El milagro de Ana Sullivan.<\/p>\n<p><strong>Palabras materiales y formales.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong>Ya hemos definido palabra material, como cualquier signo o se\u00f1al, hecho con gestos o con fonemas, que los miembros de un grupo social convienen en poner en correspondencia con alguna realidad concreta o suficientemente definida. Pero eso es la mitad del lenguaje. La otra mitad, y la m\u00e1s decisiva, son las palabras formales. Estas no designan ninguna realidad, sino que son operadores con que manipulamos las palabras materiales.<\/p>\n<p>Es sorprendente que esta fundamental distinci\u00f3n entre lo material y lo formal en el lenguaje, que debemos a Frege en 1879 y a Peano en 1889, sea tan desconocida. Incluso un autor tan bien informado como Cassirer -que escribe en 1944 (Essay of Man, Yale University Press), casi tres cuartos de siglo despu\u00e9s de la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica por Frege- recurre a la distinci\u00f3n entre \u201cse\u00f1ales\u201d y \u201cs\u00edmbolos\u201d para explicar que, propiamente, los animales no poseen lenguaje. Ni siquiera menciona los operadores l\u00f3gicos, lo que dar\u00eda sentido preciso, y mucho m\u00e1s profundo, a su distinci\u00f3n entre se\u00f1ales animales y s\u00edmbolos humanos. Pero m\u00e1s asombroso a\u00fan es que en vez de avanzar vayamos para atr\u00e1s. En l999 (<em>A History of Language<\/em>, Reaktion Books, London), despu\u00e9s de haber celebrado el centenario del trascendental descubrimiento de Frege y Peano, Fischer asegura en el Pr\u00f3logo que \u201cdesde la trasmisi\u00f3n de mensajes por medio de la qu\u00edmica entre los primeros organismos se lleg\u00f3 al concepto m\u00e1s elaborado de lenguaje\u201d. Fischer nos asegura luego con toda seriedad que los animales poseen lenguaje. Como Cassirer, los ling\u00fcistas actuales siguen sin haberse enterado de lo m\u00e1s importante ocurrido en la Historia Universal a prop\u00f3sito del lenguaje, o sea, la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica. Igualmente, Anne Sullivan cre\u00eda ingenuamente que el lenguaje se agota en que haya un nombre para cada cosa. La distinci\u00f3n entre L\u00f3gica y Gram\u00e1tica debiera ser el primer axioma en cualquier libro de ling\u00fc\u00edstica. La L\u00f3gica trata de las palabras formales y es la misma en todos los idiomas del mundo. Y s\u00f3lo luego tiene sentido hablar de la inmensa variedad gramatical de palabras materiales en las diversas lenguas, vivas o muertas.<\/p>\n<p>El equ\u00edvoco est\u00e1 en que los animales parecen tener palabras materiales. Un perrito faldero ladra triste cuando sus amos le dejan s\u00f3lo en casa. Y ladra inconfundiblemente alegre cuando vuelven sus amos. Hay un ladrido distinto en correspondencia con cada situaci\u00f3n. Otros animales emiten sonidos o hacen movimientos, que influyen en sus cong\u00e9neres. Pero aqu\u00ed faltan absolutamente las palabras formales, las que constituyen la esencia del lenguaje. No hay m\u00e1s que respuestas autom\u00e1ticas a determinados est\u00edmulos. Respuestas iguales e invariables, si los est\u00edmulos son los mismos.<\/p>\n<p>Volvamos a nuestro perrito faldero. Si fuera capaz de ladrar alegre cuando le dejan solo en casa, o de ladrar triste cuando vuelven sus amos, entonces s\u00ed poseer\u00eda el lenguaje. Dispondr\u00eda de la primera palabra formal, el primer operador l\u00f3gico, el afirmador-negador. Pero el perrito no puede hacer eso. No puede elegir entre ladrar triste o alegre, seg\u00fan decida. No decide nada. Est\u00e1 inmerso en el mundo de la naturaleza, en donde los efectos siguen invariablemente a sus causas. El animal reacciona siempre de la misma manera ante los mismos est\u00edmulos. Y si hay alguna variaci\u00f3n en su respuesta, es que tambi\u00e9n la hubo en los est\u00edmulos. Cassirer, aunque desconoci\u00f3 el alcance de la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica, al menos vio que los ladridos del perro podr\u00e1n ser \u201cse\u00f1ales\u201d, pero nunca \u201cs\u00edmbolos\u201d.<\/p>\n<p>El primer elemento formal del lenguaje, la capacidad de afirmar o negar, es por tanto inseparable de la libertad propia de lo que solemos llamar esp\u00edritu, o sea, algo independiente de todos los impulsos causales de la naturaleza. Poseer el afirmador-negador es lo mismo que ser esp\u00edritu, un ente no inmerso enteramente en el mundo de la naturaleza causal. Por eso cualquiera de nosotros puede coger un vaso en la mano y decir esto es un vaso, y tambi\u00e9n decir esto es un tenedor. Pues s\u00f3lo hay una manera de afirmar, pero muchas maneras de negar o decir esto no es un vaso. En todo caso un esp\u00edritu pensante es al mismo tiempo un esp\u00edritu libre, no est\u00e1 condicionado un\u00edvocamente como el perrito. Puede elegir entre afirmar o negar. Y afirma o niega precisamente porque es libre.<\/p>\n<p>Esta es la puerta del lenguaje: el operador l\u00f3gico m\u00e1s simple de todos, el afirmador-negador. Es el operador que conecta sujeto y predicado en cualquier frase, da igual ahora, si para afirmar o para negar. En ambos casos utilizamos este operador l\u00f3gico para manipular palabras materiales, las que usamos como sujeto -a veces una sola- y las que usamos como predicado -generalmente varias-. Se afirma, o se niega, la conexi\u00f3n entre sujeto y predicado.<\/p>\n<p>En resumen, s\u00f3lo tiene sentido hablar de palabras materiales, si previamente hay palabras formales. Por eso no hay lenguaje alguno entre los animales. Considerar sus ladridos, relinchos o movimientos como lenguaje es mero desconocimiento de que, sin operadores l\u00f3gicos, no hay lenguaje.<\/p>\n<p>Dicho de otro modo, Anne s\u00f3lo pudo ense\u00f1ar a Helen palabras materiales y aun as\u00ed no todas. Recordemos los gestos de Helen para indicar \u201cgrande\u201d y \u201cpeque\u00f1o\u201d. Y desde luego no pudo ense\u00f1ar a Helen el afirmador-negador, como la misma Helen asegur\u00f3 poseer desde que tuvo conciencia de s\u00ed. Las palabras formales las ten\u00eda Helen en su cabeza desde el primer momento, pues eso equivale a la misma capacidad de pensar, a la independencia radical de un esp\u00edritu frente a la naturaleza causal. Ambos aspectos son inseparables. Pensar o razonar implica ser libre, y ser libre es lo mismo que ser capaz de pensar. Ambas funciones del esp\u00edritu est\u00e1n patentes, y unidas inseparablemente, en el afirmador-negador.<\/p>\n<p>Pongamos otro ejemplo, para insistir en la diferencia entre palabras materiales y formales. Cuenta Swift que Gulliver lleg\u00f3 a un extra\u00f1o pa\u00eds en que a\u00fan no hab\u00edan descubierto el lenguaje. En rigor debiera haber dicho a\u00fan no hab\u00edan descubierto el lenguaje f\u00f3nico. Para comunicarse hab\u00eda que acudir a una feria con el carro cargado con todo aquello sobre lo que se quer\u00eda conversar. No se pod\u00eda sustituir el animal que da leche por la palabra \u201cvaca\u201d; hab\u00eda que se\u00f1alarlo con el dedo. En vez de la palabra \u201ccomer\u201d hab\u00eda que llevarse alg\u00fan alimento a la boca e indicar con el dedo esa acci\u00f3n. De d\u00eda no se pod\u00eda hablar sobre las estrellas, ni mencionar al sol por la noche. No pose\u00edan palabras materiales f\u00f3nicas. S\u00f3lo dispon\u00edan de gestos para indicar lo que ten\u00edan a mano. Cabr\u00eda entonces preguntar a Swift \u00bftambi\u00e9n hab\u00eda que poner en el carro las palabras formales? \u00bfO m\u00e1s bien los operadores l\u00f3gicos los llevaban ya puestos todos los feriantes? Claro que Swift desconoci\u00f3, aunque sin culpa, la distinci\u00f3n entre palabras materiales y formales. Su diferencia con Cassirer y Fischer es que vivi\u00f3 antes de Frege y Peano.<\/p>\n<p>Veamos otra manera de decir lo mismo. Locke y Leibniz sostuvieron una controversia sobre las llamadas ideas innatas. Seg\u00fan Locke no las hab\u00eda, pues nuestro entendimiento o inteligencia viene a este mundo <em>tamquam<\/em><em> tabula rasa in qua nihil est scriptum<\/em>, seg\u00fan el repetido apotegma escol\u00e1stico. Leibniz sosten\u00eda en cambio que los principios l\u00f3gicos eran innatos. No los deducimos observando la realidad, sino m\u00e1s bien al contrario. Podemos pensar sobre la realidad, o decir algo sobre ella, gracias a que disponemos previamente de esos principios innatos. Ahora los llamamos operadores l\u00f3gicos o palabras formales. Obviamente Leibniz ten\u00eda raz\u00f3n y Locke estaba tan equivocado, como equivocados siguen todav\u00eda todos los que a\u00fan no se han enterado de que la L\u00f3gica ha sido formalizada.<\/p>\n<p><strong>Pensamiento y lenguaje<\/strong>.<\/p>\n<p>Antes de ver con mayor detalle en qu\u00e9 consiste la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica, deshagamos otro error muy corriente, la confusi\u00f3n entre pensamiento y lenguaje. Helen ten\u00eda, como suele ocurrir con los sordiciegos, muy desarrollado el sentido del olfato (p.4). Distingu\u00eda inmediatamente los diversos olores de las flores y las plantas. Y hasta identificaba las personas por su olor. Sorprend\u00eda a los presentes anunciando ya viene Fulano, cuando la persona en cuesti\u00f3n estaba todav\u00eda demasiado lejos para ser vista u o\u00edda por los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Antes de poseer las palabras materiales rosa o jazm\u00edn, Helen no pod\u00eda enunciar la frase me gusta m\u00e1s el olor del jazm\u00edn que el de la rosa, o al rev\u00e9s. No ten\u00eda lenguaje, ni siquiera interno. Pero percib\u00eda o sent\u00eda los olores mismos, y aplicaba los operadores l\u00f3gicos a los olores directamente. No los aplicaba a palabras materiales, que est\u00e1n por las cosas, sino a las cosas mismas. Para pensar basta la realidad misma, sentida o intuida de manera directa e inmediata, sin necesidad de usar su signo socialmente convenido, sean gestos o palabras materiales, da igual si habladas o escritas. El pensamiento es un acto meramente interno, que queda en el \u00e1mbito de nuestra conciencia. En cambio, el lenguaje es un acto social. Lenguaje es la trasmisi\u00f3n de nuestro pensamiento a otras personas.<\/p>\n<p>Por tanto, puede haber pensamiento sin lenguaje, contrariamente a lo que cre\u00eda Wittgenstein. Aunque muchos modernos lo hayan olvidado, ya Arist\u00f3teles distingui\u00f3 claramente entre pensamiento interno (dianoia) y su trasmisi\u00f3n externa (lexis). Otra cosa es que en la pr\u00e1ctica nos acostumbremos en seguida a usar palabras materiales, incluso cuando estamos solos pensando y sin hablar con nadie. Sin duda no podemos ir muy lejos en nuestros pensamientos puros sin la ayuda de palabras materiales. Lo mismo que hacemos mentalmente sumas o restas con cifras muy peque\u00f1as, pero en cuanto hay cuatro o cinco d\u00edgitos, tenemos que escribirlas en un papel, o echar mano de una calculadora. Por eso es importante recordar que, en teor\u00eda al menos, pensamiento y lenguaje no son lo mismo.<\/p>\n<p><strong>Formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica.<\/strong><\/p>\n<p>Como ya se indic\u00f3, la total separaci\u00f3n de lo formal y lo material en el lenguaje y en el pensamiento no estuvo completamente clara hasta que Gottlob Frege y Giuseppe Peano, de modo totalmente independiente, identificaron con todo rigor los operadores l\u00f3gicos. El primero y m\u00e1s importante es el afirmador-negador, indispensable para construir cualquier frase con sentido. S\u00f3lo luego estas frases, digamos los ladrillos del lenguaje, se unen mediante los diversos cementos, que son los operadores llamados conjuntor, disyuntor e implicador.<\/p>\n<p>No es el caso de ir m\u00e1s all\u00e1 en este momento, pero s\u00ed se\u00f1alar que una vez admitidos los s\u00edmbolos \u201d\u2013\u201d para el negador (el afirmador est\u00e1 sobreentendido, como ocurre tambi\u00e9n en el leguaje ordinario en que decimos esto es un vaso en vez de esto s\u00ed es un vaso), \u201c&amp;\u201d para el conjuntor, \u201c\u00da\u201d para el disyuntor y \u201c\u00ae\u201d para el implicador, y denotando por letras A, B, C&#8230; las frases, resulta un c\u00e1lculo perfecto. Frege y Peano, que eran matem\u00e1ticos, sab\u00edan muy bien que ya en las cuatro reglas elementales aparece la divisi\u00f3n por cero, que no tiene sentido en el c\u00e1lculo. Pero en el reci\u00e9n descubierto c\u00e1lculo l\u00f3gico no hay sorpresas. Lo que resulta es siempre una f\u00f3rmula que sigue teniendo sentido en el c\u00e1lculo. Ante su asombro, la L\u00f3gica resultaba ser m\u00e1s potente, estricta y rigurosa que la Matem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Pero ahora no estamos interesados en conocer en detalle este c\u00e1lculo l\u00f3gico, sino en ser conscientes de las enormes consecuencias del important\u00edsimo hecho que la L\u00f3gica haya sido formalizada. Lo decisivo es esto. El pensamiento funciona y progresa, o el lenguaje trasmite correctamente el pensamiento de una persona a otra, gracias a que todos respetamos las leyes l\u00f3gicas que gobiernan el pensamiento y el lenguaje, y a que estas leyes son las mismas para todos los humanos. Nos atenemos a las leyes l\u00f3gicas de un modo inconsciente, autom\u00e1tico, mec\u00e1nico, sin darnos absolutamente cuenta de ello. Pero no nos apartamos un mil\u00edmetro de esta legalidad l\u00f3gica. Si viol\u00e1semos esas leyes l\u00f3gicas no habr\u00eda lenguaje ni siquiera pensamiento.<\/p>\n<p>Este es un hecho de extraordinaria importancia, por m\u00e1s que nunca solemos caer en la cuenta de ello. Conviene proclamarlo de la manera m\u00e1s solemne. Todos nos sometemos, o nos arrodillamos, por decirlo enf\u00e1ticamente, ante la verdad formal de las leyes de la L\u00f3gica. Dicho de otro modo, da igual que estemos o no de acuerdo con lo que alguien dice. Esto suele ser lo que ocupa nuestra atenci\u00f3n cuando conversamos o discutimos. Pero ahora se trata de algo previo a estar o no estar de acuerdo. Se trata de haber entendido correctamente lo que el otro dice. Precisamente por eso, porque le hemos entendido bien, surge en nosotros el acuerdo y, aun con m\u00e1s vehemencia, el desacuerdo. Por tanto, el hecho previo es que el pensamiento se ha trasmitido correctamente mediante el lenguaje. Y eso s\u00f3lo es posible porque el que habla y el que escucha se han atenido a las mismas leyes l\u00f3gicas, aunque ninguno de los dos se diera cuenta de ello. Por muy en desacuerdo que pudieran estar en el contenido de sus frases, ambos estuvieron completamente de acuerdo en atenerse a las mismas leyes l\u00f3gicas, tanto al pensarlas en su mente como al enunciarlas luego mediante el lenguaje.<\/p>\n<p>Todo esto ha quedado perfectamente claro a partir de la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica, en que esas leyes l\u00f3gicas aparecen con total nitidez. Antes podr\u00eda ser una muy fundada sospecha, aunque no absolutamente confirmada, pues la insuficiente formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica imped\u00eda dar el salto a la total certeza. Pero despu\u00e9s de esa formalizaci\u00f3n, s\u00f3lo la ignorancia de algo que se sabe con toda seguridad desde Frege y Peano puede explicar que la gente no extraiga las inevitables consecuencias de tan formidable conquista intelectual.<\/p>\n<p>En efecto, si afirmamos algo cuyo contenido se opone a la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica, ese contenido es palmariamente falso. Y esto alcanza a dos convicciones profundamente arraigadas. Se trata \u00a0 nada menos que del materialismo y el ate\u00edsmo. El materialismo entendido como afirmaci\u00f3n de que el esp\u00edritu es mera emanaci\u00f3n de la materia o naturaleza causal. Y el ate\u00edsmo, como desconocimiento de que la verdad formal de la L\u00f3gica es el primer Absoluto con que tropezamos por el mero hecho de pensar, hablar, escuchar, conversar o discutir.<\/p>\n<p><strong>El materialismo es incompatible con la existencia del pensamiento y del lenguaje<\/strong>.<\/p>\n<p>Para refutar el materialismo, basta comprender el significado del primero de los operadores l\u00f3gicos, el afirmador-negador, gracias al cual componemos frases uniendo un sujeto con un predicado, da igual ahora si para afirmar o para negar. Cuando Helen Keller compuso su primera frase la mu\u00f1eca est\u00e1 en la cama, el sujeto es la mu\u00f1eca, el predicado es est\u00e1 en la cama, y el afirmador se har\u00eda expl\u00edcito, si escribi\u00e9ramos la frase seg\u00fan todas las exigencias l\u00f3gicas, o sea, (la mu\u00f1eca est\u00e1 en la cama) s\u00ed, separando con unos par\u00e9ntesis lo material de lo formal en la frase. En este caso lo formal es el afirmador, que por ahorro de tiempo todos los lenguajes del mundo dan por supuesto. Aunque parezca incre\u00edble, nadie hasta Frege y Peano se dio cuenta de que la palabra formal s\u00ed es tan esencial en el lenguaje como la palabra formal no, que en cambio siempre tenemos mucho cuidado de explicitar, y aun de repetir innecesariamente, como ocurre en espa\u00f1ol y en ruso.<\/p>\n<p>Ya dijimos que usar el operador l\u00f3gico implica la existencia de algo completamente independiente de la materia o naturaleza causal, donde no cabe libertad alguna para decir s\u00ed o no, para afirmar o negar. Podr\u00eda parecer que el perrito faldero siempre dice s\u00ed, aunque sus ladridos no son palabras propiamente materiales, ya que no puedan ser manipuladas por el afirmador-negador. Pero lo correcto es decir tajantemente que en el perrito no hay lenguaje alguno ni pensamiento alguno. Pensamiento y lenguaje son el privilegio de algo que no pertenece a la materia, y que aqu\u00ed designamos con la palabra esp\u00edritu. En t\u00e9rminos l\u00f3gicos la definici\u00f3n de persona no puede ser m\u00e1s neta y breve. Persona es el ente que posee el negador l\u00f3gico.<\/p>\n<p>Supongamos que o\u00edmos a un conferenciante afirmando enf\u00e1ticamente que el supuesto esp\u00edritu humano es el \u00faltimo eslab\u00f3n de la cadena evolutiva que desde los virus y bacterias m\u00e1s elementales lleva hasta los mam\u00edferos, luego los primates, y finalmente el hombre. Tan convencido est\u00e1 el conferenciante de lo que dice, y tan vehemente es su discurso, que se aprecian gotas de sudor en su frente. Cabr\u00eda preguntarle entonces: si su teor\u00eda es cierta, en que se diferencian los sonidos que salen de su boca del sudor que sale de su frente. \u00bfPor qu\u00e9 su sudor dice la verdad y el sudor del que opina lo contrario es falso? Pues las llamadas palabras habr\u00eda que considerarlas como meros ruidos producidos por su garganta y sus pulmones, igual que el sudor es mera secreci\u00f3n de su frente. Si todo es proceso evolutivo de la materia, las llamadas palabras se relacionar\u00edan con lo verdadero y lo falso lo mismo que el sudor.<\/p>\n<p>En efecto, nos parece absurda la frase mi sudor dice la verdad y el tuyo est\u00e1 equivocado. Pero es la consecuencia obvia y obligada del materialismo. En efecto, si el materialismo fuese cierto, y no existiese el esp\u00edritu como algo independiente de la materia evolutiva, las palabras estar\u00edan en la misma situaci\u00f3n que el sudor o cualquier otra excrecencia de nuestro cuerpo. Si el materialismo fuese cierto, no existir\u00edan ni la verdad ni el error. Los sonidos el materialismo es verdadero ser\u00edan mero <em>flatus<\/em><em> vocis<\/em>. Como ser\u00edan tambi\u00e9n mera vibraci\u00f3n del aire los sonidos el materialismo es falso. En rigor, ni siquiera se tratar\u00eda de dos frases, sino de meros ladridos, mugidos o relinchos humanos, o un vocablo, que vendr\u00eda aqu\u00ed muy a prop\u00f3sito pero que no existe en ning\u00fan idioma de este mundo. Precisamente porque el materialismo es una teor\u00eda radicalmente err\u00f3nea, no hemos inventado una palabra espec\u00edfica para los ruidos que salen de las bocas y pulmones humanos. Bastar\u00eda comprobar la ausencia de esta palabra en todos los lenguajes del mundo, para convencernos de que los materialistas hacen todo lo contrario de lo que dicen. Hablan de acuerdo con las leyes de la L\u00f3gica y por eso se entiende lo que dicen. Y sin embargo no caen en la cuenta de que respetar las leyes l\u00f3gicas equivale a afirmar que esas mismas leyes son independientes de la materia y su evoluci\u00f3n. Un materialista, que realmente fuera consecuente con sus convicciones, no podr\u00eda siquiera expresar su teor\u00eda con el lenguaje, so pena de ser refutado inmediatamente por el hecho de que los dem\u00e1s entienden lo que dice.<\/p>\n<p><strong>El ate\u00edsmo es incompatible con la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica<\/strong>.<\/p>\n<p>Ordinariamente todos nosotros usamos el lenguaje en total ignorancia, o al menos olvido, de que se nos entiende, o entendemos a los dem\u00e1s, sola y exclusivamente porque que todos respetamos sin saberlo las leyes de la L\u00f3gica. Nos arrodillamos ante ellas como ante un Absoluto tan poderoso, que substraernos a su autoridad implicar\u00eda no s\u00f3lo no hablar ni escuchar, sino ni siquiera pensar. Todo el que habla y se entiende lo que dice adora sin saberlo este Absoluto. Ese Absoluto es la Verdad formal de las leyes l\u00f3gicas, que gobiernan de modo inexorable nuestro lenguaje y nuestro pensamiento. Este Absoluto debiera ser en rigor la primera noci\u00f3n, idea o concepto que nos hici\u00e9semos de Dios.<\/p>\n<p>En efecto, cualquiera que intentara rebelarse contra esa Verdad formal de las leyes l\u00f3gicas, sospechando que ese Absoluto que tan f\u00e9rreamente nos domina no es otra cosa que lo que designamos por la palabra Dios, con sus blasfemias no har\u00eda otra cosa que clamar a gritos adoro a Dios, puesto que los dem\u00e1s entienden mis blasfemias. Blasfemar\u00eda, pero ateni\u00e9ndose estrictamente a las reglas de la L\u00f3gica. En rigor, no hay ate\u00edsmo en el mundo; no hay m\u00e1s que desconocimiento de lo que significa la Verdad formal de la L\u00f3gica. Aunque tambi\u00e9n resulte parad\u00f3jico que el alt\u00edsimo porcentaje de ignorancia de la L\u00f3gica formalizada sea el mismo entre supuestos ateos y convencidos creyentes.<\/p>\n<p>Afirmar que la primera noci\u00f3n que debi\u00e9ramos tener de Dios es la verdad formal de las leyes l\u00f3gicas puede parecer una idea nueva. Pero es muy vieja. San Juan comienza su Evangelio con esta c\u00e9lebre afirmaci\u00f3n: en arce hn o LogoV, en el principio era el Logos. En la cultura del helenismo, que San Juan hace suya, la palabra Logos ten\u00eda un sentido bien definido. Las leyes de la L\u00f3gica, no s\u00f3lo dominan el pensamiento y el lenguaje humanos, sino tambi\u00e9n la misma existencia de las cosas. Cuando San Juan identifica a Dios con el Logos est\u00e1 haciendo una afirmaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s fuerte de la que yo hago ahora. Ver a Dios presente en las leyes formales de la L\u00f3gica es s\u00f3lo la mitad de lo que San Juan afirma dos vers\u00edculos m\u00e1s abajo: kai qeoV hn o LogoV, y Dios era el Logos. La otra mitad de su afirmaci\u00f3n, la correspondencia entre <em>Logos e Ipsum<\/em> <em>Esse<\/em> ni siquiera nos hace falta para lo que ahora nos ocupa, o sea, que pensamiento y lenguaje est\u00e1n f\u00e9rreamente gobernados por las leyes formalizadas de la L\u00f3gica. Y si se busca un testimonio en las ant\u00edpodas de San Juan, lo encontramos en Voltaire. Si yo existo, entonces hay algo que existe eternamente. Esto es una proposici\u00f3n evidente (\u201c<em>Additions<\/em><em> aux remarques sur les Pens\u00e9es de Pascal<\/em>\u201d, Lequien, Paris 1921, xxxi, 334). Se supone que la evidencia que cre\u00eda tener Voltaire ser\u00eda a\u00fan mayor de haber conocido la formalizaci\u00f3n de la L\u00f3gica.<\/p>\n<p>Solemos tomar la frase dos y dos son cuatro como paradigma de la verdad. Pero la frase podr\u00eda no ser verdadera en alg\u00fan caso. Por ejemplo, en un mundo en que s\u00f3lo hubiera tres part\u00edculas elementales e indivisibles como nuestros electrones. No habr\u00eda correlato real para cuatro. En cambio, una validez l\u00f3gica es verdadera en cualquier mundo posible, como vio Leibniz. Es decir, verdadera incluso si no existiera ning\u00fan mundo, lo que no ocurre con una ecuaci\u00f3n matem\u00e1tica. \u00bfY cu\u00e1l ser\u00eda el correlato real de una validez l\u00f3gica en el caso de que no existiera ning\u00fan mundo? Eso nos lleva a la noci\u00f3n de Dios como <em>Ipsum<\/em><em> esse<\/em>, o Ser Necesario, inseparable de la idea de Dios como Logos.<\/p>\n<p>Por supuesto, todo esto requiere mayor desarrollo. Pero eso exigir\u00eda otra conferencia o quiz\u00e1 varias. Y adem\u00e1s no quiero dejar de mencionar un tercer tema, que me parece de la mayor actualidad.<\/p>\n<p><strong>Pensamiento d\u00e9bil y pensamiento fuerte<\/strong>.<\/p>\n<p>Se ha dicho que cuando ha estallado alguna revoluci\u00f3n, siempre ha habido alg\u00fan pensador, que unos cincuenta a\u00f1os antes sembr\u00f3 las funestas semillas que provocar\u00edan luego el devastador incendio. Lo mismo ocurre en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Ahora la revoluci\u00f3n es m\u00e1s bien intelectual que social. Nuestro gran problema cultural es que todo parece volverse del rev\u00e9s. Las leyes se hacen en contra de los buenos ciudadanos y a favor de los delincuentes. Los jueces atienden mucho mejor a los asesinos y ladrones que a sus v\u00edctimas. Si un alumno no sabe una palabra de la asignatura, se le aprueba igual. Un ni\u00f1o probeta, o conseguido en un laboratorio con un embri\u00f3n congelado, es mucho m\u00e1s digno que otro nacido por procedimientos vulgares y desde luego nada cient\u00edficos. Se castiga a la gente por fumar y al mismo tiempo se deja en la calle a violadores y asesinos reincidentes. No hacen falta m\u00e1s ejemplos para que todos entiendan enseguida en qu\u00e9 consiste esta revoluci\u00f3n intelectual de nuestros d\u00edas, que parece trastocar nuestra percepci\u00f3n misma del bien y del mal.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n fue el fil\u00f3sofo que a mediados del siglo XX sembr\u00f3 las funestas semillas que ahora vemos fructificar? Por desgracia no fue uno solo sino muchos. Por citar algunos nombres, recordemos a Foucault y Derrida en Francia, Humberto Eco y Vattimo en Italia, Rawls en USA, Habermas en Alemania y un largo etc. que ser\u00eda tedioso enumerar aqu\u00ed con m\u00e1s detalle. Todos est\u00e1n dentro del amplio y persistente movimiento cultural que se conoce como Postmodernidad o Pensamiento d\u00e9bil. Esta \u00faltima denominaci\u00f3n no podr\u00eda ser m\u00e1s acertada. En ninguno de los libros de estos autores puede encontrarse el m\u00e1s peque\u00f1o intento de ajustar sus teor\u00edas a las exigencias de la L\u00f3gica formalizada. Ni siquiera a las exigencias del sentido com\u00fan, que es ese m\u00ednimo de L\u00f3gica que la gente m\u00e1s sencilla siempre posee, aunque sea analfabeta. Estos autores son ciertamente d\u00e9biles en sus teor\u00edas, carentes de cualquier atisbo de respeto a la verdad objetiva.<\/p>\n<p>En efecto, el denominador com\u00fan del pensamiento d\u00e9bil es la creencia de que no existe la verdad objetiva sobre lo que es bueno o malo para el hombre y para la sociedad. Aceptan la existencia de verdades objetivas en f\u00edsica, qu\u00edmica, biolog\u00eda, astronom\u00eda, etc. Pero niegan que exista verdad alguna objetiva en cuanto a la conducta humana. No existen verdades objetivas en \u00e9tica, est\u00e9tica, religi\u00f3n, sociolog\u00eda, y menos a\u00fan en pol\u00edtica. El punto clave es por supuesto la \u00e9tica, de la que depende todo lo dem\u00e1s. No existe lo bueno o lo malo objetivos, independiente del tiempo, siempre lo mismo para todos los humanos, en todos los pa\u00edses y en todas las \u00e9pocas. Lo m\u00e1s que puede conseguirse es un consenso, un acuerdo de una mayor\u00eda que establece un c\u00f3digo de conducta, al menos en algunos aspectos de la convivencia humana. Esta es la idea b\u00e1sica del pensamiento d\u00e9bil. Todas las doctrinas son d\u00e9biles y ninguna es objetivamente m\u00e1s verdadera, o m\u00e1s falsa, que las otras.<\/p>\n<p>Por desgracia, estos consensos, si por suerte se alcanzan, son muy inestables y fr\u00e1giles. M\u00e1s pronto que tarde se llega a la ley del m\u00e1s fuerte. S\u00f3lo hay consenso, si nadie es claramente el m\u00e1s fuerte. Pero lo normal es que el fuerte se imponga al d\u00e9bil. Para los fuertes el consenso es una humillaci\u00f3n inaceptable. En la amarga experiencia de la historia humana, si no existe la verdad objetiva en \u00e9tica, y por tanto tampoco en pol\u00edtica, si todas las doctrinas \u00e9ticas y pol\u00edticas valen lo mismo, al final lo bueno es lo que impone el m\u00e1s fuerte. Si no hay valores \u00e9ticos objetivos, el campo lo ocupa inmediatamente un nuevo y \u00fanico pseudovalor, la ley del m\u00e1s fuerte. Y en las sociedades actuales, el m\u00e1s fuerte es quien controla m\u00e1s emisoras de radio, m\u00e1s cadenas de televisi\u00f3n, m\u00e1s peri\u00f3dicos y revistas, m\u00e1s editoras de libros y cualesquiera otros medios de influencia social. Si el pensamiento de todos es d\u00e9bil, en la pr\u00e1ctica la \u00fanica verdad admitida es lo que dice el m\u00e1s fuerte. Los ut\u00f3picos consensos, si milagrosamente se dan de cuando en cuando, est\u00e1n condenados a no durar mucho. El poderoso de turno es el \u00fanico cuyo pensamiento deja de ser d\u00e9bil y se convierte de facto en fuerte.<\/p>\n<p>Si la opini\u00f3n p\u00fablica ha llegado a justificar que hay que negociar con terroristas y aceptar su chantaje, que el divorcio es tan honorable como el matrimonio fiel hasta la muerte, que la reinserci\u00f3n de los asesinos y delincuentes es m\u00e1s importante que la seguridad de los ciudadanos normales, que la educaci\u00f3n de la infancia y la juventud no requiere esfuerzo sino que debe verse como un juego divertido, que la permisividad en todo no es una amenaza contra los ciudadanos pac\u00edficos sino un derecho de los agresivos, etc., eso ha ocurrido porque previamente se nos ha lavado el cerebro, se nos ha convencido de que todo es pensamiento d\u00e9bil y no hay verdades objetivas ni en \u00e9tica ni en pol\u00edtica. Cualquier idea, por absurda que sea, llega a convertirse en moneda corriente, si es suficientemente repetida y respaldada por los medios de comunicaci\u00f3n controlados por el m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo podemos luchar contra el pensamiento d\u00e9bil? O en la triste realidad pr\u00e1ctica \u00bfc\u00f3mo combatir la dictadura del relativismo?, seg\u00fan la feliz expresi\u00f3n del Cardenal Ratzinger al comenzar el c\u00f3nclave en que fue elegido Papa. Sugiero dos soluciones.<\/p>\n<p>La primera ser\u00eda disponer de m\u00e1s medios de comunicaci\u00f3n social que los pose\u00eddos por los m\u00e1s fuertes. Por supuesto, todo lo que se haga en ese sentido ser\u00e1 siempre poco. Cualquier iniciativa en esa direcci\u00f3n debe ser estimulada y apoyada con todos los recursos disponibles.<\/p>\n<p>Pero a la larga la segunda soluci\u00f3n es sin duda la m\u00e1s decisiva, aunque pueda parecer menos eficaz a corto plazo. Hay que ir a todo lo contrario del pensamiento d\u00e9bil, es decir, al pensamiento fuerte. Pensamiento fuerte en todos los \u00e1mbitos de la conducta humana, personal y social. Pensamiento fuerte en filosof\u00eda, en historia, en sociolog\u00eda, en axiolog\u00eda, en pol\u00edtica, en todas las ciencias humanas. Y eso se consigue por la constante atenci\u00f3n a la L\u00f3gica, sobre todo despu\u00e9s de que \u00e9sta ha sido formalizada.<\/p>\n<p>Sin duda no todo el lenguaje ordinario empleado en las ciencias humanas puede ser formalizado. Pero hay un n\u00facleo central de ideas que pueden ser formalizadas con todo rigor en valideces l\u00f3gicas. Y hay un segundo campo m\u00e1s extenso que puede ser al menos semiformalizado con desarrollos consistentes, m\u00e1s o menos cercanos a c\u00e1lculos matem\u00e1ticos, que si no son tan estrictos como los l\u00f3gicos, al menos impiden que la imaginaci\u00f3n o las meras ocurrencias dominen la escena. Y todav\u00eda en el resto cabe una preocupaci\u00f3n por pegarse lo m\u00e1s cerca posible a la L\u00f3gica, con esa actitud que san Agust\u00edn caracteriz\u00f3 con su c\u00e9lebre frase: <em>quid amplius amat homo quam veritatem<\/em>?<\/p>\n<p>Terminar\u00e9 con una escena del Fausto de Goethe. Fausto, catedr\u00e1tico en una imaginaria Universidad medieval, est\u00e1 charlando en su despacho con Mefist\u00f3feles. El f\u00e1mulo anuncia: un estudiante quiere hablar con el Dr. Fausto. Mefist\u00f3feles aprovecha la ocasi\u00f3n: d\u00e9jame ponerme tu vestidura acad\u00e9mica y as\u00ed me divertir\u00e9 un poco con el muchacho. Y pregunta al estudiante: \u00bfpara qu\u00e9 has venido a la Universidad? Este responde como si fuera San Agust\u00edn redivivo: busco la verdad apasionadamente, pero no s\u00e9 por d\u00f3nde empezar. Y Mefist\u00f3feles aconseja: entonces ap\u00fantate al <em>Collegium<\/em><em> Logicum<\/em>. All\u00ed te ahormar\u00e1n el pensamiento, para que no divague por las nubes buscando bagatelas.<\/p>\n<p>Pues bien, aunque el consejo venga del mism\u00edsimo Demonio, que se supone es Mefist\u00f3feles, esto es lo mejor que podemos hacer a la larga para combatir el pensamiento d\u00e9bil: apuntarnos al <em>Collegium<\/em><em> Logicum<\/em>.<\/p>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignright size-full\"><a href=\"https:\/\/axiologia.es\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"63\" height=\"43\" src=\"https:\/\/axiologia.es\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/image002-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-303\"\/><\/a><\/figure>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 PRIMERA SESI\u00d3N \u2013 PARTE I El caso de Helen Keller. Una mujer extraordinaria El Capit\u00e1n Keller, nieto de un emigrante suizo de principios del siglo XIX, luch\u00f3 en el bando perdedor -los estados esclavistas del Sur- en la Guerra de Secesi\u00f3n americana (1861-65). 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